Villanas de película

Cine

Después del estreno de Perdida (Gone Girl) se ha hablado mucho de su protagonista, Amy Dunne, y de lo que su personaje representa. Se ha acusado a Amy de anti-feminista, por emplear métodos tan discutibles como mentir sobre un abuso sexual que perpetúan esos mitos misóginos todavía presentes –desgraciadamente– en el imaginario colectivo. Sin embargo, también ha habido quien la ha llamado un icono feminista, por apropiarse de todo cuanto se espera de una mujer, de la esposa perfecta, y darle completamente la vuelta.

Lo que sí es Amy Dunne es una villana. Y la ficción necesita, como decía Gillian Flynn –la autora del libro en el que se basa la película– mujeres “pragmáticamente malignas”. Mujeres complejas, sin remordimientos, que optan por el lado oscuro. Del mismo modo que existen personajes como Hannibal Lecter, Tony Montana, Norman Bates o incluso Darth Vader, y a nadie se le ocurre pensar que los hombres son así, nadie debería considerar que Amy es un reflejo real de las mujeres. Pero su personalidad manipuladora, su carácter controlador y su maquiavélica mente la convierten en un personaje interesantísimo, y la sitúan a la altura de otras grandes villanas que se lo hicieron pasar muy mal a los hombres que las rodeaban.

Regina Giddens en La Loba

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Ese primer plano de Bette Davis, impasible, mientras su marido se arrastra por la escalera se convirtió en una de las imágenes más icónicas del cine. Y es que es imposible olvidar el personaje de Regina Giddens, una aristócrata sureña que junto a sus cuñados planea invertir la fortuna de su marido en una plantación con el fin de hacerlos aún más ricos. Despiadada, avariciosa y sin remordimientos, Regina no duda en chantajear a sus cuñados para quedarse con parte del negocio o en dejar que su marido agonice cuando este descubre la artimaña y cambia el testamento para dejarla sin nada.

Dirigida por William Wyler en 1941, La Loba (The Little Foxes) se convertía en la tercera colaboración entre ambos y la película que establecería la imagen de mujer fría y calculadora que Bette Davis representaría en futuros papeles. Muchas de las características del personaje de Regina se deben a la insistencia de la actriz por seguir la interpretación de Tallulah Bankhead –quien interpretó a Regina en la versión teatral– lo que la enemistó con Wyler y provocó que el rodaje acabara como el rosario de la aurora. Davis optó por pintarse la cara de blanco con polvos para parecer más mayor –por aquel entonces solo tenía 33 años– y representar a Regina como una mujer vil y conspiradora, mientras que Wyler quería un personaje más suave. Podría decirse que las decisiones de Davis fueron acertadas, ya que su interpretación le valió una nominación a los Óscars y Regina Giddens se convirtió en una villana memorable.

Ellen Berent en Que el cielo la juzgue

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Cuando Ellen Berent le dice al que pronto será su futuro marido que “nunca le dejará ir”, no está exagerando. Ellen conoce al escritor Richard Harland en un viaje en tren, donde se enamora de él tras percatarse del parecido físico con su difunto e idolatrado padre –lo que debería haber despertado alguna alarma– y decide romper su compromiso con otro hombre para casarse con él. No obstante, lo que parecía una historia de amor en el idílico paisaje de Nuevo México, pronto se convierte en una pesadilla.

Obsesionada con ser la única en la vida de su marido, Ellen se deshará de todas aquellas personas que se interponga entre ambos, empezando por el hermano pequeño de Richard. Oculta tras unas gafas de sol, Ellen observa impasible como el joven agoniza en el agua hasta ahogarse, convirtiendo la escena en uno de los momentos más recordados de la película. Los celos de Ellen continuarán y la llevarán a proseguir con sus retorcidas y manipuladoras acciones hasta convertir en realidad la advertencia que un conocido le hizo a Richard; “Ellen siempre gana”.

La inestabilidad de Ellen queda perfectamente expuesta en la interpretación de Gene Tierney, cuyos ojos azules en pleno Tecnicolor reflejaban una personalidad egoísta e impulsiva que rallaba el desequilibrio mental.

Annie Wilkes en Misery

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La psicópata por excelencia. Annie Wilkes lleva el concepto de “fangirl” a una nueva dimensión cuando secuestra a su escritor favorito después de que este sufra un accidente de coche en plena ventisca. Cuando Paul Sheldon despierta, nada parece sospechoso. Ante él hay una solícita enfermera que le ha salvado la vida y que está dispuesta a cuidarlo mientras convalece. “Soy tu fan número uno”, dice ella. Sin embargo, pronto empiezan a aparecer rasgos perturbantes en la personalidad de la enfermera; ataques de ira, una sopa que acaba derramada sobre las sábanas y el momento culmen, Wilkes entrando como un huracán en el dormitorio tras descubrir el fatídico destino que Paul ha escrito para Misery, su personaje favorito.

A partir de ahí, la enfermera lleva a cabo el sueño de todo fan decepcionado. Obliga a Paul a escribir una nueva novela en la que Misery vuelva de entre los muertos y cuando descubre que este ha estado saliendo de su habitación toma una decisión que implica un mazo y los tobillos del escritor. Pueden imaginarse el resultado.

Kathy Bates ganó el Óscar por su interpretación de esta enfermera que oculta tras sonrisas y una aparente ingenuidad, su carácter psicótico –a la altura de Norman Bates– y sus brutales acciones. El Instituto de Cine Americano la situó en el puesto número 18 de su lista “Los 100 mejores héroes y villanos del cine”, un lugar más que merecido. Imposible no ser fan de ella.

Phyllis Dietrichson en Perdición

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A veces en el cine ocurren cosas extrañas, como que un director que no hacía películas de cine negro y una actriz cuyo registro parecía dirigido a la comedia crearan una de las femme fatales más memorables de la historia. Mucho tuvo que ver Raymon Chandler, quien ayudó a Wilder a adaptar la novela de James M. Cain a la gran pantalla y la distintiva estética de Barbara Stanwyck, con esa peluca rubia y esa cadena en el tobillo.

Phyllis Dietrichson es una astuta y ambiciosa mujer que seduce a Walter Neff, un vendedor de seguros a quien convence para matar a su marido y repartirse el dinero de la póliza de vida. Entre los dos idean un plan para acabar con la vida del Sr.Dietrichson de manera que parezca que ha sufrido un accidente de tren y así doblar la suma de la indemnización –de ahí el título original de la película–. “Juntos hasta el final del camino”, dice ella mientras lo besa tras llevar a cabo el asesinato. Pero el plan perfecto empieza a desmoronarse cuando el jefe de Neff comienza a investigar el suceso y la  verdadera naturaleza de Phyllis sale a la luz enturbiando la relación entre ambos. Walter descubre que Phyllis se había desecho de la primera señora Dietrichson y  empieza a sospechar que él es otro peón en el ambicioso plan de ella, lo que les llevará a ver quién acaba con quién antes.

Además de estas cuatro mujeres, se merecen una honorable mención personajes como Mrs.Danvers en Rebeca, cuya lealtad hacia la antigua señora de Manderley le hace la vida imposible la nueva inquilina, la terrorífica Blanche de ¿Qué fue de Baby Jane?  también interpretada por Bette Davis, la tiránica enfermera Ratched de Alguien voló sobre el nido del cuco o Nicole Horner en Las Diabólicas, por idear uno de los planes más retorcidos de la historia del cine. Incluso podría mencionarse a Livia, de Yo Claudio, que pese a no pertenecer al cine es sin duda una de las villanas por excelencia de la ficción con su don para la manipulación y sus letales acciones.

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