Hora de decir “sayonara” al doblaje

Opinión

El estreno en versión original subtitulada de la cuarta temporada de Juego de Tronos por parte de Canal +,  provocó una avalancha de reacciones negativas que abrieron de nuevo esa caja de pandora que en este país es el debate sobre el doblaje. Los detractores,  consideran que el doblaje altera la obra, ya que provoca el cambio de chistes, expresiones o juegos de palabras que terminan por empobrecer el resultado y degradar el trabajo de guionistas y actores. 

Desde el terrorífico doblaje de “El Resplandor”, que pese a contar con la aprobación de Kubrick provocó que las críticas de la película fueran nefastas, pasando por la estrella española del momento haciendo sus pinitos en el mundo del doblaje, hasta ese “sayonara baby” de Terminator que desconcertaría a cualquier anglosajón pues en su versión original es “hasta la vista, baby”.

Los defensores, por su parte, alegan que los subtítulos dificultan el visionado –por aquello de la imposibilidad de hacer dos cosas a la vez- y que el doblaje español, además de ser uno de los mejores del mundo, genera muchos puestos de trabajo.

Lo cierto es que España es uno de los pocos estados europeos,  junto a Italia y Alemania –curiosamente tres países con un pasado fascista- en mantener el doblaje de manera sistemática. Aunque muchos creen que Franco inventó el doblaje, la verdad es que ya en la II República esta práctica se llevaba a cabo. Sin embargo, no fue hasta 1941, en pleno franquismo, que este se volvió obligatorio, imitando así la Ley de Defensa del Idioma que Mussolini instauró en Italia.

Convertido en una herramienta para imponer el ideario nacionalista y camuflar la censura, el doblaje dejó durante la dictadura anécdotas tan famosas como la de Mogambo, en la que la siempre solícita Iglesia convirtió una infidelidad en amor fraternal, porque al parecer el incesto era algo más aceptable dentro de la moral cristiana.

El doblaje –al igual que tantas otras cosas que el franquismo dejó en herencia- sigue vigente a día de hoy, sobreviviendo a los intentos (fracasados) de algunos ministros por revisarlo, como hizo Ángel Gabilondo en 2010, preocupado por el nivel de inglés de los españoles. Y si bien es  cierto que el fracaso de la “inmersión lingüística” en la lengua de Shakespeare tiene su ser en el sistema educativo,  el doblaje también tiene parte de culpa.

Según el balance realizado por el Estudio Europeo en Competencia Lingüística (EECL), el visionado de obras en versión original equivale aproximadamente a un promedio de entre cuatro y veinte años de estudio del inglés en el contexto escolar.  Así, mientras países como Suecia, Finlandia o Dinamarca tienen la V.O. subtitulada como regla y sobresalen en el dominio del inglés, España permanece a la cola, con datos tan preocupantes como que el 63% de los alumnos españoles no comprende el inglés oral al finalizar la ESO.

No puede culparse al doblaje de todos los males referentes al manejo de idiomas de los españoles, pero sí perpetúa esa alergia tan patria –demostrada en el poco aprecio a la propia diversidad lingüística del país- al conocimiento de otras lenguas, y por ende, otras culturas.

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